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Aborto retenido… ¿Por qué a mí?

La palabra aborto siempre me pareció lejana, es una de esas cosas ante las que crees que estás vacunado, que le pasan a las demás y no a ti… Aún más cuando ya has pasado por un embarazo y el fantasma del aborto no planeó sobre él. Pero las cosas pasan, y a ti más, con un destino empeñado en ser poco convencional. Mi existencia se aleja de cualquier maternidad anodina. No puedo, por más que me esfuerce, ser como las demás.

La alegría del positivo me duró el tiempo justo de buscar en internet qué me costaría el patinete que se acopla al Bugaboo. Luego se nubló. Está claro que había sido un positivo fortuito, en mi primer mes de dejar la píldora, sin atisbo de ovulación ni menstruación, un mes accidentado y desafiante en el que el cosmos había confabulado para que el milagro de la creación anidase en mi vientre. La primera visita al ginecólogo me puso de pies a tierra nuevamente: el saco gestacional parecía vacío. “¿Un huevo huero?” pregunté perpleja… Es ése tipo de cosas que parece que sólo le pasan a las demás, a personas anónimas que están tras el cristal, ése vidrio que he flanqueado para pasar a ser una más. Dos semanas de incertidumbre para confirmar los peores presagios en mi nueva visita obstétrica. Había embrión, eso sí, pero de tamaño minúsculo, puede que a causa de una ovulación tardía, aunque a esas alturas del partido poco consuelo hallaba ya en nada. Las esperanzas, que traté y fustigué de mantener a raya durante esos quince demoniacos días se esfumaban a pasos agigantados, por más que me instase a mantener el tipo. “No habrá lágrimas”, me dije, y traté con serenidad de preguntar cuáles eran en adelante los pasos a dar. No había latido, era, sin margen de duda, un aborto en diferido, un bebé que no quiso nacer, según mi ginecólogo una detección tardía del organismo de un defecto congénito del feto que lo hacía inviable. “Esperaremos unos días a ver si tu cuerpo lo expulsa, sino habrá que inducir el aborto”, sentenció. Y allí empezó mi particular via crucis, mis carreras al baño para comprobar si había sangrado, mi temor irrisorio a perder, en cualquier momento y en cualquier lugar, esa parte de mí que hasta entonces había alentado inútilmente a prosperar. Tal vez mi suma precaución lo retuvo pero, transcurridos esos días, el escenario que me plantearon pasaba por unas pastillas que indujesen el aborto. No quise hablar de ello, soy demasiado aprensiva… Había trazado entonces mi estrategia de “lo que no se ve no existe” así que decidí que prefería pasar por un legrado, que me durmiesen y al despertar no ser consciente de lo que había sucedido . Aunque sé y sabemos todos que no existe una inmensa goma de borrar y que estas diez semanas de gestación se quedarán siempre grabadas en mí.

Tengo una cartilla de embarazo, empezada y que no llegaré a rellenar jamás, pero “oye, no pasa nada- me digo,- es nuestro secreto” y así debe seguir, confinado al silencio porque para mí, en estos momentos la pena es lo que más me puede. Cuando fui a mi doctora de cabecera a solicitarle la baja y explicarle lo sucedido sus palabras “lo siento mucho” me hicieron derrumbarme, no me había venido abajo hasta entonces, pero puse de manifiesto que la conmiseración de los demás para conmigo ahondaba en mi desdicha. Sé que no es políticamente correcto que tan siquiera mis padres estén al corriente de lo que ha sucedido, pero debo pensar en mí y, en estos momentos, lo que más necesito es pasar página. Bajo ningún concepto deseo quedarme anquilosada en este capitulo negro de mi historia. Así que no hablemos de ello, ha pasado, me ha situado un paso más cerca de lo humano. Desde e un principio había sido considerado un embarazo de alto riesgo, ahora sienta un precedente más para el futuro, solo que de momento no me apetece volver a pasar por ello, tan siquiera por lo bueno. Creo que pospondré durante algún tiempo mi búsqueda.

¿Cómo afrontasteis vosotras vuestra pérdida? ¿Os afectó tanto como a mí vuestro entorno?

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4 comentarios sobre “Aborto retenido… ¿Por qué a mí?

  1. Las perdidas siempre son duras. Llevarlo en secreto ayuda a que no te miren con cara de pena y fingir normalidad pero permítete un momento para llorar y gritar por lo sucedido. Mucho ànimo y fuerza, seguro q cuando tú quieras lo consigues de nuevo. Besos

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  2. Lo siento mucho. Te entiendo un montón. Cuando a mí me pasó (tuve un aborto bioquímico que por suerte no necesitó legrado) tampoco se lo conté a nadie. Cuando me sentí con fuerzas porque ya había pasado todo llamé a las dos personas con las que me apetecía hablar (q curiosamente sabía que también habían pasado por eso) y con ellas me desahogué (a parte de con mi marido, claro). A día de hoy el tiempo ha relativizado el dolor y la tristeza y estoy embarazadísima 🙂 pero sigo convencida de q para mi tranquilidad mental fue lo mejor q pude hacer y sigo sin contárselo a ciertas personas de mi entorno que podrían presionarme o yo qué se. Coge fuerzas, poquito a poco y mucho ánimo, lo importante es que tú estés bien. Un abrazo grande y todo mi cariño.

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