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Cuando la diabetes gestacional no se va…

Era un fantasma que planeaba sobre mi cabeza desde la primera vez que me dijeron que la O’Sullivan no había salido bien. Aún entonces lograron disipar mis dudas asegurando que en mi caso (una persona saludable y sin sobrepeso) las posibilidades de que la diabetes gestacional derivase en una diabetes tipo 2 eran remotas.

Pero la diabetes volvió, un año después. Me dio esa pequeña tregua para olvidar la insulina en mi barriga antes de cada comida, los pinchazos en los dedos para monitorizar mi glucemia. Me dejó disfrutar de Bollito e incluso me permitió olvidarme que había militado, durante algunos meses, en las filas de la diabetes.

De la manera más casual, participando en un ensayo clínico detectaron mi intolerancia  a la glucosa, después fue la endocrina la que me confirmó la existencia en mi organismo de anticuerpos que me clasificaban como diabética tipo 1, sorpresa máxima, esos AntiGad y IA que estaban allí ya durante mi embarazo pero que ocultaron para ahorrarme un disgusto prematuro.

Y en resumen mi situación actual es la siguiente: mis niveles de azúcar son altos pero no desproporcionados, es por ello que me clasifican como Prediabética o LADA, una diabetes intermedia entre la 1 y la 2 con presencia de anticuerpos lo cual me empuja, sin lugar a dudas, hacia una insulinodependencia. Los esfuerzos ahora se centran en tratar que ése momento llegue lo más tarde posible, para ahorrarme pinchazos. Por ello el tratamiento se basa en una dieta estricta en hidratos y carente de azúcares así como el consumo diario de hipoglucemiantes orales. Y el azúcar ahí va, se tambalea, a veces se dispara sin causa aparente, otras son los nervios los que me hacen sentirlo subir… Y muchas veces la ingesta alimenticia. De esta privación ha derivado un ansia oculta por ingerir dulce. Oculta y clandestina, ya que para no tener que dar explicaciones a nadie me escondo para comerlos y trato de eliminar meticulosamente las pruebas del delito. Sé que al final únicamente me estoy perjudicando a mí misma, pero he caído en una espiral de ansia irrefrenable. Es una situación extraña, el momento en el que te dicen que tu vida va a cambiar para siempre pero no sabes en qué momento se producirá ése salto… La privación exacerba mi deseo y a veces pienso que todo se me ha ido de las manos.

Fui sensata, al salir de la consulta, de camino al trabajo me dije: “te permito un momento de lamentación” y entonces lloré todo lo que humanamente pude, después me limpié la cara y pensé en mi padre, enfermo de Parkinson desde hace tantos años, tan íntegro, tan motivado, tan desafiante ante sus limitaciones. Me insté a seguir su ejemplo y lo conseguí… Tan solo una semana. Después todo se ha diluido en un “si no lo veo no lo creo”, en un torbellino de fustigaciones, de “¿por qué a mí?”,  “¿podría haber hecho alguna cosa para evitarlo?”, y como siempre las respuestas que no llegan y éste mi gran secreto me catapulta en una inmensa bola de nieve de silencio y soledad.

Al confesarle a mi psicóloga este particular desorden alimenticio no daba crédito de lo que le decía. “Cuando se entere la endocrina me va a matar…” le dije avergonzada a lo que ella me contestó con sorna: “la que se va a matar eres tú sola si sigues así”. Y amigos es cierto, tiene razón, soy víctima y verdugo, el villano no es la diabetes sino yo. Soy una maldita privilegiada que vive (por las características de su diabetes) una bendita luna de miel extensa que me aleja temporalmente de las agujas y, en lugar de complacerme por ello me pongo como una tonta a castigar mi cuerpo, a agotar las pocas reservas de insulina que puede que queden en mi páncreas comiendo donuts como si se me fuera la vida en ello. Me merezco, sin lugar a dudas, un debut diabético en toda regla, con su cetoacidosis incluida. Pero no, mi destino es éste… Y que poca gente puede entenderlo!! Tan solo los que me lean desde adentro, o con la proximidad de la enfermedad, algo que en mi caso aún no lo he encontrado.

¿Alguien ha afrontado tan mal como yo una situación espinosa? SOS, cualquier consejo o crítica será bien recibido.

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2 comentarios sobre “Cuando la diabetes gestacional no se va…

  1. Hola! mi caso no es aún tan grave, pero sí tengo el azúcar alta y resitencia a la insulina y tomo metfomina desde hace más o menos un año. Y entiendo lo que dices…al parecer tener que dejar de lado lo “rico” como los dulces y postres hace que sean más apetitosos y me muero por comerlos…podría no comer nada de sal en todo el día, es más la metformina ha matado en cierto modo el apetito por comida de vredad y solo me ha dejado el ansia de dulce, chocolate y más dulce durante todo el día. Pero lo que dices es verdad, las únicas que nos perjudicamos somos nosotras mismas. Un abrazo.

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    1. Gracias, mil gracias por tus palabras, no sabes cómo me reconfortan!!! Yo de momento también tomo metformina, a veces deseo que me digan ya que empiece a pincharme para normalizar la situación, pero son este tipo de pensamientos que no tengo con quien compartirlos y eso incluso me angustia más. Nuevamente gracias y animo en esta lucha. Yo ahora incluso comería volvería que nunca me ha atraído… un besazo!

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