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¿Una hora menos o una hora más?

Hace tiempo que oigo decir que cuando se acerca el cambio de hora los expertos se ponen en pie de guerra para pedir que nos mantengamos en el actual huso horario. Siempre fue un tema que no me interesó demasiado, más allá de algún año en el que al trabajar de noche viví un “déjà vu”, cortesía de las agujas del reloj, que, sin comerlo ni beberlo, me hicieron trabajar una hora de más, y de gratis, para más inri. Pero más allá de las anécdotas que este hecho genere debo decir que este año es distinto, ahora entiendo, sin lugar a dudas, a todos esos papás y mamás que insistían en la importancia de no alterar las rutinas de los peques. Y comprendo, aún más, que sean los pediatras los que alcen la voz con mayor contundencia, ahora -y no antes- me uno a ellos, pues lo hago con conocimiento de causa.
Bollito anda totalmente perdido desde que a las dos de la madrugada pasaron a ser las tres, la magia de la teletransportación que ha borrado de un plumazo esta hora de nuestras vidas a él lo tiene loco y no sabe ni dónde se halla. Y eso que en un principio pensé que me beneficiaría: “se irá a dormir más tarde y se levantará también más tarde” pensé ingenuamente, pero como dice la Biblia -que en estos días es muy correcto citarla- se hizo realidad la profecía del libro de Job “y todo lo que más temía, sucedió” , por lo que NO, ni ha dormido más, ni hasta más tarde, tampoco antes, ni tan siquiera mejor, todo -como de costumbre para una gafe en potencia- se ha vuelto en mi contra. Hoy se ha despertado a las siete menos diez, “¿Pero si no son ni las seis, hora del sábado?”,ha clamado papá de Bollito desde la ultratumba del edredón. Y allí que va mamá al rescate para explicarle, con éxito nulo, que no era hora de jugar, ni de balbucear, ni de canturrear… Ni de todas esas fiestas inoportunas que hacen que te derritas, aunque apenas hayas dormido unas horas -debilidades de madre, supongo-. Pero es que ya podía imaginarme que la cosa no iba a ser fácil, me dio suficientes pistas su primera tarde de cambio de hora, que ya no fue nada halagüena: dos horas antes de lo estipulado ya quería cenar… Andaba como un pulpo en un garaje sin saber si era una hora más o una hora menos la que sincronizar en su reloj corporal. Así que me pregunto qué arreglamos con este mareo, una maniobra que además suele llevarme una semana de aclimatación, por no hablar del tejemaneje que me llevo al tener que actualizar todos los relojes de mi vida -que no son pocos- con sus consecuentes dudas existenciales que me sobrevienen año tras año con idéntica exactitud… ¿cómo era que se cambiaba la hora del reloj del coche? ¿me compensa actualizar este reloj? ¿hora más o hora menos?…

Está claro que cuando trabajaba de tarde disfrutaba al salir a las nueve y media del polígono y atisbar en el horizonte la cresta de un sol moribundo, era y es mil veces mejor que una noche cerrada. Adoro por encima de todas las cosas la luz propia de las estaciones primaveral y veraniega pero creo que tal vez no es necesario pagar este alto precio. Los días se alargan por sí solos, no es obra de una manecilla o de un crono, es física, biología, geología o la ciencia que sea a la que le competa, pero la proximidad/lejanía del sol a la tierra es la que delimita las horas de luz, y no nuestros caprichos por sortear la noche. Así que dejémonos de monsergas, los estudios demuestran que la intención de ahorro energético que acompaña a dicho cambio es una quimera, nunca se ha podido demostrar que al adelantar/atrasar el reloj consigamos encender menos el interruptor. No nos engañemos, la intención era buena pero no sirvió de nada así que basta de mareos innecesarios, dejemos estar el reloj. Como mucho -si me insistes- seamos sensatos y cambiemos de huso horario, pero esta vez de manera definitiva, acojámonos al meridiano de Greenwich, que es el que nos correspondería, y tengamos nosotros siempre una hora menos. Es ésta una petición reincidente y desoída por los poderes políticos, esos mismos que de tanto en tato sacan a la palestra la necesidad de adelantar el “prime time” o de reducir los horarios comerciales para conciliar mejor. Es fácil hablar pero conseguir mejoras parece ser imposible, cuando en realidad todo es tan sencillo como girar una manecilla. Pero claro, como de costumbre hasta que no he sido madre no me he topado con cuestiones como ésta. Supongo que hacen falta más madres en el mundo, madres con ganas de pelea y sobretodo que se hagan oír. Ya sé que no es mi caso pero aporto mi granito de arena, aunque solo sea para que Bollito no esté tan malsufrido, porque son dos y no una las veces al año en las que voy a tener que reubicarlo.

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5 comentarios sobre “¿Una hora menos o una hora más?

  1. Totalmente de acuerdo contigo. Aunque al Vikingo no parece haberle afectado mucho, me parece un acto innecesario. Ni se ahorra luz, ni energía. Yo desde luego soy de las que odia el horario de invierno, me entristece que se haga de noche a las seis. Un beso enorme

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  2. Mira ya somos dos que a las 7 de la madrugada (hora actual) hemos tenido fiesta jaja. La verdad es que vamos todos un poco trastornados con tanto cambio horario.. No termino de ver claro que se ahorre luz o energía.. Lo veo una chorrada. Pero en fin, ahí seguiremos nosotros en el deja vu cada medio año. Un abrazo!

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